VIAJE A BOSNIA Y HERZEGOVINA

DESDE BARCELONA HASTA LA FRONTERA DE BOSNIA Y HERZEGOVINA

Se acabó. Duró poco pero ha sido intenso y muy interesante. Ha sido divertido y triste, pero sobre todo, ha sido enriquecedor. Visitar una zona como los Balcanes, cargada de historia, es siempre una experiencia conmovedora y brutal, donde los sentidos se agudizan para captar todo lo que perciben, pero que acaban destrozando y haciendo añicos cualquier alma sensible. Son muchas las respuestas que encontramos en el camino, pero muchas más las preguntas que surgieron, y que para las que seguiremos viviendo intentando hallarles una respuesta. Porque es eso la vida ¿no?

CALDES DE MONTBUI – FRONTERA CON ITALIA | 165.175 KMS 

¡Por fin salimos! Parece mentira que se nos antojara tan lejano el día de emprender el viaje, y llegó, sin aspavientos ni distintos ropajes, sino simplemente, otra más para muchos, el día señalado para nosotros. ¡Qué bien huele la libertad! Todo listo; la ropa, los mapas, la comida, los libros, pero lo más importante, la ilusión, los sueños, la esperanza…¡Ah! y los niños. Viajar con éstos merece un capítulo a parte; cargados de energía, y llenos de inquietudes, los adultos no podemos perder un minuto en descansar.  

Pero aquí estamos; hoy hicimos 700 km. Paramos para comer, merendar y finalmente ya cansados, cenar y dormir. El lugar, un pueblo italiano cerca de la frontera con Francia. Un aparcamiento para vehículos junto al mar, que compartimos con otras furgonetas y autocaravanas.  

Hoy, simplemente, dejamos constancia de las risas con las que hemos acabado el día, del pequeño paseo en bicicleta, del sonido de las conversaciones lejanas y encriptadas, pero que son la prueba de que estamos empezando nuestro viaje un poco más lejos de casa.  

FRONTERA ITALIANA – GRADO | 165.869 KMS

Sol. Discusiones. A las 9:00 h. en camino. Perdido en Nova. En Italia las indicaciones son motivo de pérdida.
Siendo conscientes que la meta quedaba lejana e inabarcable para ese día, después de mucho discutir (2 minutos) decidimos hacer una parada, para concluir la jornada de viaje, cerca de la playa y así bañarnos. Maya cogió el mapa y buscó un lugar; yo escogí otro. Fuimos al que yo había decidido. Un desastre. Nos dirigimos al suyo; más que aceptable. Grado, así se llama el pueblo, situado en una pequeña península del norte de Italia bañada por el mar Adriático.

Parking gratuito, compartido por otras autocaravanas, furgos y… un húngaro con dos hijos adolescentes en tienda de campaña. A tres minutos de la playa y lo mejor… espectáculo acrobático de aviación. Así que, nos hemos plantado en primera línea, hemos visto las piruetas que hacían los aviones, nos hemos bañado y después para compensar a los enanos por las horas de coche nos hemos comido una pizza.

Ahora, escribiendo, escuchando al húngaro en la oscuridad a través de la mosquitera y la puerta corredera abierta, pues el calor es insoportable, dejamos que entre una suave brisa, cargada de aromas, muchos nuevos, dejando a la imaginación que haga el resto, pienso. Discurro en la parte del viaje de mañana.

Cruzaremos Eslovenia, Croacia y llegaremos a Bosnia. Tres fronteras, que no significan nada para nosotros, pero que seguimos permitiendo que existan, aplaudimos cuando se crea alguna nueva, e incluso soñamos con que se creen nuevas; ¿nos tranquiliza que se  establezcan esas separaciones artificiales? realmente ¿lo vemos como algo innato, necesario, adecuado? No es la solución, pero ahí siguen estando.
Los húngaros ríen, bostezan, se rascan las picaduras, y están de vacaciones, como nosotros; pero claro de éstos no nos tenemos que preocupar, son como nosotros.
No me gusta la idea de las fronteras, me parecen lugares extremadamente tristes. Mañana será un día extremadamente triste.

Los niños duermen; la furgo se está comportando; de momento va de mil maravillas;  me voy a leer a Joe Saco, no para subir la moral precisamente.

GRADO – LIUBLIANA | 166.523 KMS

10:00 h. Arrancamos. Una hora y media después de levantarnos. Y así, sin más nos fuimos esta mañana. Pisando el acelerador a fondo cruzamos Eslovenia; un país totalmente nuevo para nosotros.
El recibimiento no pudo ser mejor. Desde la cuestión más nimia, como el menor precio del carburante, pasando por la amabilidad de los eslovenos que nos cruzamos y hablamos, hasta llegar los increíbles y fascinantes paisajes con los que el viajero se encuentra nada más entrar en el país.

Frondosos bosques de abetos amenazan la autopista, cono si dieran una tregua a la lengua de asfalto, pero reclamando, con su presencia, el lugar que les fue arrebatado por la acción del hombre. Maravilloso, es la palabra que mejor define las vistas que podrás observar desde la autopista cuando cruces Eslovenia. Aún con la emoción del que pisa terreno desconocido, dejamos atrás la capital, Liubliana,
con la intención en firme de colocar a Eslovenia en la lista de países que visitar. A las 13:00h. llegamos a la frontera con Croacia, saldríamos de Unión Europea, del espacio Shenkel, de la moneda única, entraríamos en los balcanes más crudos.
Pero el destino nos tenía preparada un sorpresa.

-Papeles.
Se los entrego.
-Su D.N.I.
-Pero se le he dado el carnet de conducir.
-No vale. D.N.I
No lo encuentro, rebusco por toda la furgoneta. Nada.
-Pasaporte. -Me sugiere-
Se lo doy. Recuerdo que lo pusimos en una carpeta. Al instante me mira y….
-Caducado, no sirve.
-¡Coño! No me jodas. ¿A ver? Pues sí caducado. Pero que mas da. Si tengo el carnet de conducir, el libro de familia, el Pasaporte (caducado, sí, pero y ¿qué?)
-No es posible. Vuelva a Liubliana y hágase un nuevo pasaporte.
-Me cago en la…. de las putas fronteras. (El tío no se entera de nada, menos mal).

Más de cien kilómetros de vuelta por un papel. Mi desconocida prepotencia (hasta ahora) de ciudadano europeo, que piensa que puede, libremente, moverse por el mundo se desmorona. Bajando a toda pastilla al consulado, comentamos por enésima vez lo incomprensible de las fronteras.
¿ cómo ha de ser para aquellos que las fronteras les suponen muros infranqueables? Las cuales se convierten en sinónimo de hambre, pobreza, enfermedad, represión o muerte.

Llegando a la ciudad, sesenta minutos después, y treinta del cierre del consulado, teníamos que solventar dos problemas: conseguir fotografías carnet y, por supuesto, localizar la ubicación de dicho consulado. Ambos problemas solucionados solos.

Nos perdimos y encontramos una casa de fotografías (15 euros cuatro fotos) y el mismo fotógrafo ante la imposibilidad de hacerse entender, ha cogido su motocicleta y nos ha conducido hasta el consulado. – Grazie, grazie mile, thank you, gracias, obrigado… (todo menos el inglés, que tampoco es que sepamos).
– No problem, welcom, con una enorme sonrisa.

Ya dentro de la embajada, el consulado estaba cerrado, aclarado el problema, los funcionarios nos han hecho pasar dentro de la instancia, y el resto han sido, únicamente, risas, chistes, anécdotas, consejos, chismes, secretillos, entresijos, ect…

Y sí, hoy es el tercer día de viaje, y no hemos llegado a Bosnia, ni siquiera a Croacia, hemos salido del consulado a las 19:00 h. agotados, y hemos parado en un camping con parque acuático. Mañana ya sabemos lo que toca.

Ahora, escribiendo, mi pensamiento sólo puede estar dedicado a todos aquellos que sufren por culpa de estas estúpidas barreras artificiales y políticas, que los hombres y mujeres continúan manteniendo y creando, para hacer distinción entre unos y otros, por causas como la religión, el color, las lenguas, las costumbres, ect… sin contar que todos, sobre todo y por encima de todo somos personas.

Mañana a Bosnia y Herzegovina. No me aventuro a pronosticar nada.

LIUBLIANA – BOSNIA Y HERZEGOVINA | 166.989 KMS

16:00h. Bañados. Cansados de tanto tobogán nos vamos. ¿Qué pasará hoy con las autoridades fronterizas?

La frontera la pasamos sin problemas. Cruzamos Croacia hasta Novi Varos donde cruzamos ha Bosnia y Herzegovina. Que emoción sentimos. Pero yo he podido disfrutarlo, me ha subido la fiebre a 39º; sólo pensaba en en llegar, aparcar y dormir.

Sólo entrar en Bosnia, se pude percibir la diferencias en la calidad, el mantenimiento de las construcciones e infraestructuras, la limpieza, ect… con su vecina Croacia. Otro de los problemas son las indicaciones; son escasas, y mal colocadas, e incluso algunas sólo están señaladas en cirílico. Aún así encontramos el Parque Natural de Kozarac. 
Una vez en el lugar, acompañados de los sonidos del frondoso bosque, con un cielo limpio e iluminado por miles de estrellas, con cientos de compañeras no invitadas (luciérnagas), cenamos y nos dispusimos a descansar. 

En la más absoluta soledad nos dormimos.

 

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